Cesta
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La devoción habita en templos
elevados en lugares mágicos
desde los orígenes del tiempo
en ellos, la voz que no canta, emana
en tímido susurro de oración
en íntimo fervor
ante una sagrada representación
y abrazado a ese silencio, un temblor
siempre un temblor de sombras
antorchas, lámparas de aceite, cirios...
en ofrenda de gracia, súplica o perdón
huele a cera, a incienso, a misterio
el acotado universo redentor
y son ahí, los ojos, los que al alma sirven
en contemplación absorta y devota
ante la figura de un ser superior.