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Nombraba los días
los cinco días laborales la semana
uno a uno
hasta llegar al fin de semana
y por fin, sentir la libertad
el tiempo era suyo
y suya la vida
y suyo, el placer de vegetar
empapándose de húmedas luces
su cuerpo, su mirada, su respirar
y su alma, tranquila y libre
al borde del mar
y, guardando esos momentos
al nombrar los días
los cinco días laborales de la semana
y así, nunca se sentía perdido
sabía siempre, cuál era su lugar
su momento y su sitio.