Cesta
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Arrecia la lluvia
sopla el vendaval
en el sendero vacío
que va bordeando la costa
junto al embravecido mar
y hoy no hay nadie
que se acerque a pasear
asusta la furia del mar
la desatada belleza de las olas
montañas de aguas vivas
que llegan, golpean, y se van
aprendimos todos la vieja oración:
de las aguas tranquilas, líbreme dios...