Cesta
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Fugaces soles recorren el firmamento
iluminando sin sombras la noche
en su errático y temido recorrido
y con ellos se va la luz, toda la luz
después de haber herido al aire con su ruido
dejando un fulgor que dibuja el horizonte
sumergiéndose después, en las oscuras aguas
en el aire queda un eco sordo
un silencio que abrasa y deja aterido
que despierta el miedo primitivo
perenne desde el nacimiento del alma humana
al sabernos pequeños, siempre pequeños
ante la indomable fuerza de la naturaleza.