Horas de gato
Hay momentos
que apetece estar triste
en dulce intimidad de añoranzas humanas
de seres, tiempos, geografías
sin ataduras en lo concreto, vagando
permanecer en nadas, suspendido
acompañado quizá, por un ruido
ruido familiar y cercano
la lluvia, golpeando los cristales
y escuchando una melodía lenta
tal vez un adagio, un réquiem
y tumbado, con la mirada extraviada
en universos lejanos
vivir un momento de lenta armonía
que, como otros, no dejan memoria
pero sin ellos
no se entiende el otoño
y menos aún, el invierno
son horas de gato hogareño
descansando de las intensas horas
de gato callejero
esas que sí dejan memorias
y algún que otro arañazo...