Cesta
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Las horas, obedientes
van llegando sin demora
marcando el paso, arrastrando
a todo lo que tiene vida
y en una plaza solitaria
huérfana de horarios, una estatua
con obligada y fatigada mirada
aferrada a un glorioso pasado
en su presente continuo
calla su condena de bronce y mármol
condena, y no honores cumplidos
humillada, a todas horas
por la suciedad de las palomas
la sombra sí, entiende de grandezas
y se inclina dócilmente
bajo el pedestal que la sustenta.