Cesta
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Inventé la noche, primero
y la luna, después
y tú te reías
inventé también, la música invisible
que nuestros cuerpos, unidos
mecidos por un océano
de ondulaciones oscuras
mansamente seguían
solo teníamos un miedo
uno solo
que llegara la noche de verdad
rompiendo el hechizo de la farsa
porque no necesitábamos la realidad
para nada
ni tú, ni yo.