Cesta
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El ruido apagado de los domingos
cae indolente sobre aceras vacías
como el silencio de una marea alta
inundando los espacios de la ciudad abandonados
que aún no despierta
más tarde, el ruido se levanta
al paso de patines, pelotas, cochecitos
perros, niños, niñas, parejas...
en un pasar de horas estancadas
prendidas de la dominical desgana
arrastrados por la angustia de una semana más
de horarios, tareas, prisas, esperas...
con el exhausto retumbar de la conciencia
preguntándose siempre las mis cosas
de las que ya se conocen la respuesta...