Cesta
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Obedecen los barcos fondeados
al viento, a la marea
apoyados en amarras sumergidas
trincadas a los arpeos
que los retienen y mecen
para quedar firmes a rumbos quietos
de soles, estrellas y lunas,
y las proas adormiladas
parecen tan apacibles
que es difícil imaginarlas a mar abierta
remontando olas
levantando rociones
con un patrón a la caña
confiando en cada singladura, su vida
a su maña y a su barco.