La luz de Estambul

01.02.2017

RELATO

Desde que pasamos Gibraltar rumbo a Estambul nos ha entrado una alegría contagiosa. Debe ser que todos tenemos afectos bañados por este mar. Además, hace tan bueno a la puesta de sol que mientras unos pasean por cubierta, otros suben al puente después de cenar, así estiran la tertulia y de paso, me hacen compañía en la guardia.

Yo mantengo la atención en el tráfico, cada cierto tiempo compruebo la situación en la carta de navegación. En el Mediterráneo, cuando vas pegado a costa, las corrientes pueden darte un buen susto si no vas atento.

No sé que tiene la luz de este mar que me hipnotiza y cada vez que veo un velero navegando, se me van los ojos y el alma con él. ¿Quién no sueña al ver un velero? ¿Quién no sueña al ver la costa? Y quién no sueña con su casa, su gente... Si en algún sitio hay sueños aquí, en este mar, hay más. Miles y miles de seres humanos han soñado y hecho realidad algunos de ellos.

Cuando llega la noche, todos mis compañeros vuelven a sus rutinas: a la maquina, a descansar, a leer, a escuchar los informativos en Radio Exterior... yo vuelvo estar solo en el puente comprobando en la carta de navegación donde estoy, cuanto tardaré en llegar al próximo cabo, al próximo puerto... . Así hasta el final de mi guardia, que suelo bajar al salón a charlar con los rezagados o a echar una partida a las cartas o al ajedrez si está Segundo, el cocinero. Después, en el camarote, antes de dormir me gusta leer mientras escucho música, es la mejor manera de escapar de las añoranzas, provocarlas.

Cuando vuelvo a la guardia es noche cerrada y me da la sensación de que soy el único hombre del mundo al mirar al cielo y ver la luz de las estrellas. Ellas, envían su luz para que sepamos que están ahí, para que las nombremos. Nombres descubiertos por sabios de civilizaciones que se han asomado a este mar: egipcios, griegos, romanos... Hoy soy el único testigo de ese largo viaje de su luz.

Al amanecer siempre pienso lo mismo, todo el mundo habla de no perder el Norte y sin embargo es por el Este por donde nace la luz. Ahora navegamos al noventa verdadero, al Este, rumbo a Estambul, hacía donde nace la luz y estoy solo para recibirla.