En Carnaval

27.02.2017

CUENTO

En Carnaval

El viejo medallón hallado en un baúl de la casa de los abuelos, se iba a convertir en un amuleto de la suerte. Natalia no creía mucho en estas cosas, pero al descubrirlo mientras buscaba algo para su disfraz, le gustó. Fue como si el medallón suplicara que lo sacaran de allí y al hacerlo, produjo un impresionante destello al encontrase con la luz del día. La abuela ni se acordaba cómo había terminado en el trastero, pero sí recordaba de dónde salió.

-Lo trajo tu tío Beltrán de algún país de esos por donde navegaba.

-¿Me lo das?- Preguntó entusiasmada Natalia.

-Claro hija. Pero para qué lo quieres.

-Para amuleto de la suerte. Abuela. Creo que es mágico. ¿Sabes? Me ha hablado- Afirmó con rotundidad. La cara de incredulidad de la abuela la obligó a dar una explicación- Bueno, no con palabras, claro. Ha sido como, como... telepatía, abuela, telepatía. De verdad que estoy segura que me traerá suerte.

-Pero hija, cualquiera que te oiga puede pensar que te han echado mal de ojo...

-¡No abu!- se río Natalia- no, pero hay cosas que requieren magia.

-¿Cómo qué?- Preguntó preocupada la abuela de Natalia.

-Este año necesito ganar el concurso de disfraces, y con este medallón sé que por fin lo conseguiré- Afirmó misteriosa Natalia- El primer premio es un perro de aguas y si no consigo ganar yo, se lo llevará Rubén, fijo. Es un mal tipo, de verdad abuela, un mal tipo que no le cuidará.

No todo el mundo quiere, o puede tener un perro en casa, por muy bueno que sea. Pero los niños estaban encantados con la posibilidad de conseguirlo y la charla de Sofía, la directora de la Protectora de Animales, convenció también a los padres. Sofía contó como fue el rescate del perro de un barco hundido. En la correa vieron su nombre, Chupi. Cuando Salvamento Marítimo le llevó a la protectora de animales, el perro no quería comer. Estaba muy triste porque su amo había desaparecido en el naufragio. No había manera de darle nada de comer, solo agua hasta que un día, la visita de la clase de Natalia cambió las cosas. Mientras Sofía, la directora del centro, contaba la dura vida de los animales abandonados que vivían allí, vio como Chupi se dejaba acariciar por todos los niños. Parecía otro perro, en lugar de estar retraído, se metía entre ellos para dejarse acariciar, parecía feliz, estaba feliz comprendió Sofía con los ojos húmedos de alegría. Entonces tuvo una idea, el perro sería feliz en una casa donde hubiera niños que quisieran juagar con él. La directora del colegio dudó, pero Sofía era una mujer convincente y al final la hizo comprender lo positivo de que los niños aprendan a responsabilizarse y a querer a los animales. Natalia, cuando se enteró del premio de este año, sabía que ella sí cuidaría bien a Chupi, pero si ganaba Rubén...

-¡Tengo que ganar yo!- Se propuso Natalia firmemente.

El día del concurso hacía francamente malo: lluvia, viento, frio... pero el salón de actos estaba abarrotado y todo el mundo, magníficamente disfrazado. El jurado tuvo que ir descartando uno por uno hasta dejar solo dos finalistas, Natalia y Rubén. Él iba de pirata del Caribe, parecía salido de la película, no le faltaba ningún detalle. Ella iba de maga y la cara maquillada, parecía otorgarla poderes sobre naturales. Situados los dos frente al jurado en espera de la decisión final, Rubén desenfundó su sable y gritó:

-¡Al abordaje compañeros! ¡La fortuna aguarda solo a los valientes!- Los aplausos entusiasmados parecían inclinar el premio a su favor. Él lo celebró con una mirada de superioridad a su competidora.

Natalia sacó el medallón a la luz, un enorme destelló deslumbró al jurado coincidiendo exactamente con un trueno ensordecedor. Tembló el edificio, un pavoroso grito se les escapó a todos, la luz se fue y Chupi, el perro asustado, se refugió a los pies de Natalia. Cuando se recuperaron del susto y volvió la luz, el valiente pirata estaba temblando en el suelo y Natalia, la maga, estaba dando mimos al perro.

El jurado, tras la representación, no tuvo ninguna duda: primer premio Natalia la Maga, segundo Rubén, Pirata del Caribe. El medallón había sido mágico pues, la fortuna aguarda a los valientes.